
La obesidad es una condición cada vez más prevalente. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 650 millones de personas en el mundo son obesas, una cifra que se ha triplicado desde 1975. Esta acumulación excesiva de grasa corporal se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedades como hipertensión, diabetes tipo 2, depresión y distintos tipos de cáncer.
Frente a esta realidad, surgen constantemente estrategias alimentarias que prometen resultados rápidos. Una de las más populares de los últimos años es el ayuno intermitente. Pero más allá de su impacto visible, esta práctica está despertando el interés de la ciencia por su posible relación con los mecanismos epigenéticos que regulan la expresión de los genes y su conexión con la nutrición personalizada.
¿Qué es el ayuno intermitente?
El ayuno intermitente no es una dieta tradicional, sino un protocolo de organización temporal de la alimentación. Consiste en alternar periodos de ingesta con otros de restricción calórica parcial o total. Su objetivo no es tanto qué se come, sino cuándo se come. Prácticas similares existen desde tiempos antiguos, vinculadas a costumbres religiosas o filosóficas.
Existen diversas modalidades:
- Ayuno en días alternos: se intercalan días de alimentación libre con otros de restricción calórica severa.
- Ayuno total uno o dos días por semana.
- Alimentación restringida en el tiempo: implica ayunar entre 12 y 16 horas cada día, concentrando las comidas en un periodo limitado.
Esta práctica, aunque antigua, ha sido reinterpretada por la ciencia moderna. Lo interesante es que sus efectos no se limitan a la composición corporal, sino que podrían estar modulando el funcionamiento de nuestros genes a través de la epigenética y nutrición.
¿Y funciona?
Las evidencias son diversas. Un metaanálisis que revisó 40 estudios concluyó que el ayuno intermitente puede promover una pérdida de peso promedio de entre 3 y 5 kilos en 10 semanas. Sin embargo, la tasa de abandono es alta (de 0 % a 65 %), lo que indica que no es una estrategia adecuada para todo el mundo.
Otros estudios a largo plazo no encuentran diferencias significativas respecto a dietas convencionales. Y aquí es donde entra una nueva variable: la epigenética podría explicar por qué algunas personas responden mejor que otras al mismo protocolo, según su respuesta genética a la alimentación.
En modelos animales se ha demostrado que la restricción calórica tiene efectos positivos sobre la expresión génica, especialmente en rutas relacionadas con el metabolismo, la inflamación y la longevidad. Un estudio realizado en ratones mostró que el 80 % de los genes analizados mostraban cambios epigenéticos tras un periodo de ayuno intermitente.
Estos cambios no modifican el ADN, sino que afectan su «lectura»: activan o silencian genes según las condiciones del entorno. Es decir, el ayuno puede modular la actividad génica en tejidos clave como el hipotálamo, el páncreas o la glándula suprarrenal, influyendo en la regulación hormonal y metabólica.
Estos hallazgos abren la puerta a entender cómo el entorno (en este caso, el estímulo de ayunar) puede modificar de forma reversible la expresión de nuestros genes sin alterar su secuencia. Esto es clave dentro del concepto de estilo de vida y epigenética.
¿Y en humanos?
Aunque la evidencia es más limitada, algunos estudios en humanos apuntan en la misma dirección. Una investigación publicada en 2022 en la revista Frontiers analizó la expresión del gen FTO en personas obesas durante el Ramadán. Este gen está relacionado con la predisposición a la obesidad.
Al finalizar el periodo de ayuno, la expresión del FTO se había reducido en más del 30 %, junto con una disminución del peso corporal, la masa grasa y el índice de masa corporal. Esto sugiere que el ayuno puede inducir cambios epigenéticos con efectos metabólicos positivos.
Pero hay que tener precaución. Más de 200 genes están implicados en la regulación del peso y el metabolismo. Algunas personas presentan variantes que hacen más difícil sostener un ayuno prolongado, mientras que otras pueden adaptarse mejor a esta restricción temporal. Por eso, conocer el perfil epigenético y nutrigenético individual puede ser clave para personalizar la estrategia.
Un enfoque hacia la salud personalizada
La relación entre ayuno intermitente y epigenética es un campo en expansión. Aún queda mucho por investigar, pero lo que sabemos hasta ahora es prometedor: nuestros genes no lo determinan todo, y nuestros hábitos tienen el poder de influir en cómo se expresan.
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